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MITOS Y LEYENDAS SABÍAS QUE

Los siete hijos del mal, el origen guaraní de las Pléyades

Siete - Via Lactea

El cúmulo de estrellas más brillante es conocido como las siete hermanas, los siete cabritos o las Pléyades.  Pertenecen a la constelación de Tauro. Existen diversos significados y mitos en diferentes culturas alrededor del mundo en torno a ellas. Hoy te contaremos el origen guaraní del grupo de estrellas más brillantes de la noche.

El espíritu del mal y la diosa de los sueños

Los mitos griegos contaban que las Pléyades eran ninfas hijas del titán Atlas, castigado por los dioses con llevar el peso de los cielos sobre sus hombros. Zeus, dios rey del Olimpo, se apiado de la tristeza y pena que sentían las ninfas por su padre y las elevo al cielo como estrellas. Otros mitos, cuentan que lo hizo para salvarlas del acoso obsesivo del cazador Orión.
El origen de ese cúmulo estelar es muy diferente para la cultura guaraní. Secuestros, noches de terror, mentiras y sacrificio forman parte de esta historia. Según la versión del poeta Rosicrán, todo se remonta a los primeros tiempos del hombre.
En una aldea vivía una bella doncella llamada Keraná. Una mujer de gran conocimiento sobre los astros, información que le daba gran comprensión al pueblo guaraní sobre los ciclos y fenómenos celestes. La llamaban diosa de los sueños porque pasaba la mayoría del tiempo sumida en el placer de dormir.
Taú, el espíritu del mal primordial, se enamoró de la doncella, tras siete días de visitarla a la orilla del río la secuestró. Angatupyry, el espíritu del bien, se enzarzó en una batalla de siete días para detenerlo, pero el mal salió triunfante. La tribu de Keraná indignada clamó a los dioses por un castigo, ellos escucharon y maldijeron a la pareja.

La estirpe del mal

Taú y Keraná concibieron una progenie de monstruos en castigo por su osadía, todos nacieron sietemesinos. Los nombres de sus hijos hoy todavía causan temor en los oídos de los habitantes de nuestra región. El monstruoso lagarto cabeza de perro habitante de las cavernas, el Tejú-Jaguá. La gran serpiente con pico de loro de los esteros, el Mbói-Tu’i. La bestial víbora con cuernos, protector de los ladrones, Moñái.
La camada atroz aumento con el nacimiento del Yasy Yateré, un niño blanco, rubio, muy bello con un gran sombrero de paja y un bastón dorado mágico. Si bien no era alguien físicamente monstruoso secuestraba a niños durante la siesta y podía volverlos locos con solo tocarlos. Figura entre los más conocidos de los hijos del mal.  El quinto, tampoco no menos celebre, fue el violador del monte, el lascivo Kurupí, un enano con los pies invertidos, retacón y feo con un largo miembro viril que llegaba a rodear su cuello. Después vino el brutal cerdo salvaje de gran porte, el caníbal Aó-Aó, señor de los cerros.

Siete - Atardecer

Por último, llegó el Lobizón, el séptimo y el más temidos de los hermanos, el acechador de los cementerios en las noches de luna llena. Para las tribus de la época todos sus nombres significaban caos, miedo y odio. La llegada de la tarde auguraba una nueva jornada de terror sobre los guaraníes porque los hermanos salían a realizar sus andadas.  La presencia de las siete bestias dejaba también discordia y rencillas entre los pueblos.

El sacrificio

Era tal el estrago que causaban los hijos del mal que una joven muchacha llamada Porãsy se presentó como voluntaria para terminar con el problema. Se acercó a los dominios de Moñái y se ofrece como su esposa. El monstruo embelesado aceptó, la novia lo convenció de festejar la boda con todos sus hermanos. Moñái convocó a toda la estirpe de Taú a la caverna de Tejú-Jaguá. Allí, Porãsy en el jolgorio los emborrachó a todos al punto que ninguno podía levantarse. Afuera de la caverna la esperaba la tribu para quemar el interior y sellar la entrada.

Siete - Cueva

Porãsy no logró escapar, Moñái aun aturdido la atrapa en plena huida de la cueva incendiada. Entonces la valiente doncella grita a los suyos para que sellen para siempre la salida. En el interior bajo el poder abrasador de las llamas y el humo perecen todos, incluida Porãsy quien se sacrificó para salvar a su pueblo. Se dice que su espíritu apareció en el firmamento como el Lucero del Alba, el brillante astro previo al amanecer.

Siete - Pleyades

Después de siete días bajo el fuego, los espíritus de los monstruos se purificaron y ascendieron a los cielos. Hoy pueden verse en el manto nocturno como el cúmulo de estrellas más brillante. Al poco tiempo, le siguieron sus padres, Taú y Keraná, apenados por la perdida. Hoy son un recordatorio de un pasado oscuro pero también de un valiente sacrificio que ilumina las noches por toda la eternidad.

Los siete hijos del mal, el origen guaraní de las Pléyades ultima modifica: 2020-05-04T00:08:03-03:00 da Leo Motta
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