El séptimo arte desde sus inicios ha sido un puente a la imaginación, sueños y aventuras en la mente de los espectadores. Cuando evocamos el nombre de una ciudad importante, lo primero que viene a nuestra memoria son las películas que transcurren en esas grandes urbes. Al decir Buenos Aires, Nueva York, Tokio, Londres, París nuestra mente se transporta a las escenas de cientos de filmes. Por eso hoy indagaremos cómo impacta el paisaje urbano en la construcción del lenguaje audiovisual del cine. Sobre todo, de Roma, la ciudad eterna de las mil y una películas.
Ciudades de película
A veces las ciudades en el cine parecen ser un personaje más. Para indagar en la cuestión consultamos al magister Rubén Zamboni, docente y realizador audiovisual. Él comentó que “los escenarios de las historias que nos cuentan las películas son diversos y van –sin dudas- en sintonía con la trama del relato. Así grandes centros urbanos, lejanos pueblecitos o ámbitos rodeados de campo, bosque o montaña se constituyen en sus atractivos”.
“Pero, a la hora de precisar una ciudad, no se toma cualquiera al azar, sino una que sea atractiva, seductora, cautivadora y hasta mágica. Porque la magia en el cine muchas veces reside en la ciudad que cobija la historia porque la envuelve a ésta en su particular aureola”, añadió. Igualmente aclaró que ese toque mágico suele situarse en el título mismo del filme por su carácter estratégico y de convocatoria al gran público. “Por lo tanto, citar el escenario urbano de la historia ejerce preponderancia en el interés del público, además de los nombres de los actores protagonistas y el director”, aclaró.
De París a Buenos Aires, una cuestión que traspasa al cine
Zamboni para dar ejemplo del punto anterior comentó que ya en 1904, Georges Melliés titula a uno de sus cortos “De París a Montecarlo en dos horas”; en 1923, Charles Chaplin hizo “Una mujer en París”, ambas como joyas del cine mudo. En 1945, Roberto Rosellini se luce con su “Roma, ciudad abierta” con la exuberante Anna Magnani; o en 1942, Michael Curtiz da vida a “Casablanca”, una cinta con peculiar ribetes románticos. “En todos estos filmes, el nombre de una ciudad encabezó la cartelera en las salas de cine poniendo su valiosa distinción”, enfatizó.
De la misma manera, el académico nombra a Woody Allen que en 1979 instala en las marquesinas cinematográficas el nombre de “Manhattan”, el título de su controvertida comedia romántica dentro de la polifacética Gran Manzana neoyorquina. También que en el 2003, Sofía Coppola relata su “Perdidos en Tokio”, un intrincado drama existencial en plena capital nipona. Entre otros ejemplos, Zamboni detalló que en el 2002, Rob Marshall filma “Chicago” y años más tarde, en el 2005, Steven Spielberg realiza “Munich”, con historias situadas en ambas ciudades. Y la ciudad más cosmopolita de EEUU convoca en sus “Historias de New York” a destacados directores: Francis Ford Cóppola, Woody Allen y Martín Scorsese, para que narren tres cortos paridos en su gran urbe.
Más ciudades y regiones plasmadas en celuloide
En la misma línea, Zamboni mencionó a “El atentado de Sarajevo”, 2014, de Andreas Prochaska; o “Madrid”, en el 1989, de David Trueba; o “Río”, en el 2011, de Carlos Saldanha. Tampoco puede quedar afuera “El último viaje a Las Vegas”, en el 2013, de Turteltaub; o “Philadelphia”, en 1993, de Jonathan Demme; o bien, “París, Texas”, en el 2005, de Wim Wenders. Inclusive, nombró la ciudad capital de Argentina que en “Mi Buenos Aires querido”, 1961, de Francisco Mugica también pone su sello en las carteleras.
“Roman Holiday” o “La princesa que quería vivir” (1953), esta película clásica de Hoolywood fue rodada en gran parte en exteriores, toda una proeza técnica para la época. Video extraído del canal de Youtube thecoolidge
“Además de ciudades, también vale citar regiones o zonas de renombre” comentó el docente. En ese aspecto, precisó filmes como “Bajo el sol de la Toscana”, 2003, de Andrey Wells; o “Amor a la siciliana”, 2016, de Pierfrancesco Diliberto; o “Un italiano en Argentina”, 1965, dirigido por Dino Risi y protagonizado por Nino Manfredi. Todos largometrajes que aluden elementos urbanos que aluden a la cultura italiana.
El cine toma Roma
“En esta tendencia a destacar el perfil de las ciudades, Roma aparece como casi protagonista en varias cintas”, destacó Zamboni. Entre los filmes más notorios, el docente mencionó a “Gente de Roma” (2003) de Ettore Scola, o bien “Roma” (1972) del talentoso Federico Fellini; o “Un americano en Roma”, dirigido por Steno y protagonizado por el recordado Alberto Sordi.
Tampoco hace falta que en el título de la película aparezca el nombre de la ciudad eterna. “La Dolce Vita”(1960) de Fellini ya nos trasporta a las emblemáticas escenas de Anita Ekberg en la Fontana de Trevi. Inclusive, seguramente a más de uno se le derramara una lágrima al recordar en clímax de la coproducción argentina-española “Elsa y Fred” (2005) en el mismo escenario. Y si nombramos al clásico de “La princesa que quería vivir” (1953) más de uno evoca a Gregory Peck y Audrey Hepburn en motocicleta por las callejuelas de Roma.
Por otra parte, los más millennials recordarán películas de TV como “Lizzie McGuire: estrella pop” o “Sabrina va a Roma”. Largometrajes donde nuestras heroínas adolescentes de la infancia viven sus aventuras y amores en la capital italiana. En síntesis, Zamboni recalcó que “con el devenir de las producciones cinematográficas seguiremos viendo a éstas y otras ciudades en los títulos de filmes como una particularidad que acrecienta la potencialidad del producto más allá de la historia misma”.
Imagen de portada: reconstrucción de la vía Veneto de Roma en los estudios Cinecittà, para “La Dolce Vita”. Dominio Público.



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