Los años que tiene Posadas se ven reflejados en sus fachadas, en su arquitectura, su estilo, sus casitas y sus casonas. Desde las construcciones más exuberantes, hasta las viviendas de gruesas tablas con bajos alero; lo emblemático no se pierde y constituye la identidad visual de la ciudad. Desde itMisiones entrevistamos a la arquitecta María Victoria Solís, que lleva adelante el proyecto “Casonas”, para rescatar del olvido y el maltrato de los años esas casas antiguas.
Reformar para conservar
“El proyecto de Casonas, surge con el deseo de ayudar a propietarios de casas antiguas, para revalorizar y mejorar sus propiedades, a través de una intervención que esté adaptada al nuevo uso que se le quiera dar a la vivienda. Y por último pero no menos importante, al presupuesto que el cliente tiene disponible” comentó Solís. Seguidamente, la arquitecta explicó a itMisiones que estas casonas, por su historia pueden tener valor patrimonial y cultural para la ciudad. Es así que ella oficia de intermediaria en la negociación por las necesidades para el uso en los tiempos que corren y el rescate de la historia. “Al enfrentar una reforma, muchos se encuentran con el problema de no saber por dónde comenzar. Mi labor consiste en acompañarlos en el proceso, definir el diseño adaptado a los gustos y necesidades de la familia y la posterior ejecución de obra“.
Remarcando la importancia del espíritu de “Casonas”, María Victoria Solís dijo: “cuando restauramos viviendas antiguas, no solo estamos rescatando el patrimonio que nos pertenece. Ese lugar guarda en sus paredes la historia de las familias que la habitaron, le devolvemos el esplendor que en algún momento tuvo. Y también aportamos a la sociedad conservando una porción importante de memoria; porque son estas casonas las que vieron surgir nuestra ciudad”. Para sumarse al proyecto Casonas o ponerse en contacto con María Victoria Solís, aquí dejamos su perfil de facebook.
Casonas: joyas urbanas
Sobre los aspectos históricos de las casonas, la arquitecta Solís indicó a itMisiones: “a finales del siglo 19 y principios del 20, a raíz del aumento demográfico en el país por la oleada de inmigrantes europeos; principalmente italianos y españoles, la organización del tejido urbano se modifica. Las manzanas de origen colonial se subdividieron en parcelas de 8.66 metros”. Según nuestra entrevistada esta modificación se dió para lograr tener más terrenos y optimizar el uso del espacio urbano.
Las casas de galerías van muy bien para el clima misionero, aparte de otorgarle al vivir cotidiano un aspecto fílmico y nostálgico que no se puede negar. Siguiendo con la trayectoria histórica de las casonas, María Victoria continuó: “a partir de esta modificación, los terrenos se convierten en parcelas angostas y largas. Es allí donde surgen las famosas llamadas casas chorizo, que simplemente eran una sucesión de habitaciones con distintos usos, vinculadas a lo largo del terreno por un espacio de galería y patio“.

Volviendo a las casonas y la adaptación que propone este proyecto, en aquellos comienzos de siglo las necesidades de la familia que la habitaban se veían resueltas con la añadidura de habitaciones hacia el fondo del terreno. Que era donde efectivamente tenían espacio. Solís no dudó y denominó a estas casas chorizo como “joyas urbanas”. Y también dio ciertas indicaciones para reconocerlas: “al recorrer la ciudad es muy fácil identificarlas. Construidas sobre la línea municipal, con fachadas ornamentadas con molduras y balaustradas de hierro forjado. Con muros portante de ladrillo y ambientes con techos altos y su característico zaguán de entrada“. Usted lector atento y curioso, recorra también en su mente cuántas casonas vio en la tierra colorada, piénselas, evóquelas, súmese al recuerdo.
Foto de portada compuesta por imágenes extraídas del libro “Posadas Desmemorial” de Teresa Warenycia



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